Era la semana de Carnaval de 2022 y había terminado de escribir el primer borrador de mi tesis de maestría en Redes de Computación. Sentía que todavía le faltaba algo, así que decidí tomarme unos días y prácticamente aislarme en Copacabana, a unos 200 kilómetros de La Paz, a orillas del lago Titicaca. Me quedé desde el lunes de Carnaval hasta el domingo. Buscaba un lugar tranquilo, lejos del bullicio de las festividades y las distracciones.
Llevé en el auto mi bicicleta y la computadora portátil. Esa semana salí a pedalear un par de veces, algo más de 100 kilómetros en total, y también pude correr por la carretera prácticamente vacía. Aunque mi objetivo principal era revisar y corregir la tesis, tuve tiempo para despejar un poco la mente.
Una mañana, en una sala del hotel que tenía vista al lago, comencé a leer algunos textos en Internet. No recuerdo muy bien qué estaba buscando, pero uno me llamó la atención, hablaba sobre inteligencia artificial y los servicios de OpenAI. Aún no existía ChatGPT y el acceso que encontré era a los laboratorios de OpenAI. La interfaz era bastante precaria, pero hice un par de pruebas y decidí suscribirme.
El portal tenía varios controles y para saber cómo ajustarlos había que leer la documentación. Después de algunas horas comencé a obtener resultados en la consola. Me sorprendió ver que podía escribir una consulta y recibir un texto elaborado a partir de lo que le había pedido. Nunca había usado algo parecido. Pasé algunas partes de mi tesis por el modelo y recibí sugerencias para mejorar la redacción, además de ideas que no había considerado. Eso me entusiasmó mucho, quería seguir probando, ver qué más podía hacer con aquella herramienta. Había llegado a Copacabana para terminar una tesis y ahora tenía algo nuevo por explorar. Al final de la semana tenía una versión lista para enviar al tribunal revisor.
Continué explorando aquella interfaz y, más adelante, conocí ChatGPT, de la misma compañía. Ahora el acceso era mucho más simple, prácticamente una barra de diálogo donde escribía lo que necesitaba y recibía respuestas más naturales. En un principio me rehusé a cambiar. Había logrado entender los ajustes del modelo y sentía que tanta simplicidad me quitaba el control sobre las respuestas.
Hasta que una tarde le di una oportunidad, me pareció fantástico. Podía pedirle un cambio, aclarar lo que necesitaba y continuar la conversación sobre la misma idea. Era mucho más cómodo y me daban ganas de seguir haciendo pruebas. No volví a la consola para ese tipo de consultas.
Han pasado varios años desde entonces. No diré que fue un uso continuo, porque tuve un periodo de distanciamiento. Aparecieron otros modelos, unos mejores, otros no tanto, y sentí que mantener la suscripción era innecesario. Pero recientemente volví a interesarme por las nuevas opciones de OpenAI y, sobre todo, por una modalidad que me ha gustado mucho, ChatGPT Work.
No soy nuevo en el uso de agentes. Desde noviembre del año pasado vengo siguiendo su evolución y probando esta forma de trabajo, primero con OpenClaw, luego con Hermes y ahora con Work. Creo que está llegando a un punto de madurez importante. Disfruté mucho de trabajar con Antigravity y sus modelos disponibles, aún conservo una suscripción muy básica, pero prácticamente mi trabajo se ha concentrado en Work. Lo uso para distintas cosas, desde la distracción y el ocio hasta la programación avanzada.
La integración con otros servicios, como Notion, es algo que me ha resultado muy útil. Antes había logrado conectar OpenClaw y Hermes con Notion, pero la experiencia no fue muy agradable. Perdían la conexión, no conservaban el contexto y tenía que iniciar nuevamente las sesiones o explicar una y otra vez lo que estaba haciendo para que pudieran seguir la secuencia.
Con Work me ha ido mejor. En las tareas que he probado mantiene el contexto y accede de forma eficiente a Notion y a otros servicios conectados. Parece un detalle pequeño, pero cuando uno tiene que repetir todo lo que hizo, pierde tiempo y también las ganas de continuar.
Hace poco pudo resolver en cuestión de minutos una revisión documental que venía postergando por semanas. Tenía varios textos en mi carpeta digital de Google Drive y solo pensar en el volumen de documentos hacía que dejara la revisión para otro día. Esta vez pude avanzar con la ayuda del agente. Me entusiasmó ver que algo que tenía pendiente desde hacía tanto tiempo podía resolverse trabajando de esa manera. Y, claro, comencé a pensar en las otras actividades en las que podría ayudarme.
Eso es lo que ahora me motiva a usar el servicio. Siento que puedo colaborar con el agente en mis actividades, explicarle lo que quiero hacer, revisar lo que propone y continuar a partir de ahí. Mi participación sigue siendo necesaria, pero ya tengo ayuda para avanzar. Hay tareas que antes postergaba por el tiempo que requerían y que ahora me dan ganas de comenzar, solo para ver hasta dónde podemos llegar.
Por ahora me quedo con el trabajo que realiza OpenAI con sus agentes. Pasé de ajustar los controles de una consola a colaborar con un agente de inteligencia artificial y siento otra vez ese entusiasmo por encontrar una herramienta nueva, como aquella mañana en Copacabana. Quiero probar más cosas, dedicarle tiempo y descubrir qué otras actividades puedo hacer con su ayuda.
No sé qué habrá más allá de lo que hoy estoy usando. Hace unos años me sorprendía que un modelo pudiera ayudarme a corregir un texto, hoy puedo trabajar con un agente sobre mis documentos y continuar una actividad entre varios servicios. ¿Qué más podremos hacer? ¿Cuál es el límite? Por ahora, tengo muchas ganas de seguir explorando.