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viernes, 23 de enero de 2026

Lo que aún no cuento

A pocos minutos de que el avión despegara, justo cuando ya me resignaba a desconectar el celular y dejar atrás cualquier vínculo con el mundo inmediato, llegó un mensaje de Mauricio. Me preguntaba por el título de un libro que alguna vez le había recomendado y, casi como un gesto de reciprocidad, me sugería otro: El arte de contar historias, de Matthew Dicks.

No le di demasiada importancia en ese momento. O eso creí.

Al llegar a mi departamento, todavía con el cansancio del viaje adherido al cuerpo, dejé la maleta cerrada en un rincón. Antes de cualquier otra cosa, tomé el Kindle y descargué las primeras páginas del libro, sin demasiadas expectativas, apenas con la curiosidad justa para saber si valía la pena. Bastaron unas pocas páginas para darme cuenta de que no iba a ser una lectura más.

El libro no habla solo de contar historias, sino de aprender a mirar la propia vida con atención. Dicks insiste en que todos tenemos relatos valiosos, pero casi nunca nos detenemos a observarlos: los momentos pequeños, las escenas cotidianas, los instantes aparentemente insignificantes que, bien contados, revelan quiénes somos. No se trata de inventar grandes hazañas, sino de reconocer el sentido oculto en lo ordinario.

Seguí leyendo hasta cerca de la una de la madrugada, no tanto por ansiedad, sino por una sensación difícil de nombrar: la impresión de que alguien estaba poniendo en palabras ideas que yo había intuido, pero nunca había sabido ordenar. Esperé despierto a que el banco habilitara mi tarjeta para comprar la versión completa, como si interrumpir la lectura fuera una forma de perder el hilo de algo más profundo.

Recién hoy, a las siete de la mañana, pude retomarla. Y aquí sigo. El libro avanza, pero también lo hace una reflexión incómoda y necesaria: cuántas historias personales he dejado pasar por no prestar atención, por no detenerme, por no escucharlas a tiempo.

Así que sí, cambio de planes para el fin de semana. Si no soy capaz de reconocer las historias que ya habitan mi propia vida, ¿Cómo sabré cuáles merecen ser contadas antes de que se pierdan para siempre?



sábado, 29 de julio de 2023

Innovación con historia y tradición

Hace varios meses atrás, participé de un curso internacional sobre el liderazgo en la innovación. En ese tiempo, estaban vigentes las restricciones sanitarias a causa de la COVID-19, por lo que, la capacitación fue desarrollada de forma virtual.

Dentro de la metodología del curso, estaba la presentación, semana tras semana, de las tareas que cada módulo imponía, pero fue la denominada bitácora personal que me pareció interesante y divertida, ya que, consistía en grabar un corto vídeo con nuestra opinión acerca del trabajo de la semana, las posibles aplicaciones de lo que aprendimos y algunas experiencias relacionadas con el tema tratado. De la misma manera, me gustó el módulo que abordaba la importancia de reconocer el valor de la historia y la cultura para enfrentar los retos presentes.

Conocer el pasado y respetar las tradiciones son dos elementos fundamentales en los procesos de liderazgo, especialmente en aquellos orientados a la innovación. Aunque nos parezca un poco contradictorio, debido a que la innovación normalmente se asocia con la disrupción, pero estos dos elementos se complementan para construir un modelo de liderazgo resiliente y eficaz.

Conservar las tradiciones ayuda a comprender mejor la cultura organizacional y el contexto en el que la institución interactúa, lo que puede ofrecer una guía enriquecedora sobre cómo implementar eficazmente un proceso de innovación, respetando al mismo tiempo los valores y las normas de la organización. Entender y recordar las lecciones aprendidas, los errores cometidos y aquellos logros alcanzados, puede allanar el camino hacia la innovación, evitando repetir los mismos traspiés del pasado.

Los líderes de hoy pueden proponer soluciones a los problemas presentes, basándose en los conocimientos previos y la comprensión profunda de las tradiciones de la organización, y que éstas sean efectivas además de adaptadas totalmente a la realidad institucional, lo que proporciona un marco sólido desde el cual es posible proyectar el futuro, permitiendo plantear soluciones novedosas, en línea con la identidad institucional, facilitando su aceptación y adopción.

Es importante destacar que el respeto por las tradiciones puede proporcionar un grado de estabilidad y continuidad que es fundamental en cualquier proceso de cambio, lo que ayudará a construir un consenso en torno a las nuevas ideas, iniciativas y proyectos, resultando a ser la clave para lograr el éxito. Por tanto, se trata de integrar los logros y lecciones del pasado con visiones prospectivas, como también preservar la historia, valorando el presente e innovando para el futuro.

Los líderes pueden forjar un camino que no sólo resuelve los problemas actuales, sino que también se adaptan y evolucionan a medida que se presentan nuevos desafíos y oportunidades, pero no olvidemos de dónde venimos, cómo llegamos al lugar que hoy ocupamos, recordemos a quien nos apoyó y respetemos la cultura institucional.

Nunca olvides de donde vienes, por si te toca regresar.